Efímero

18 Septiembre 2007

20 Agosto 2007
Como dicen por ahí, ante todo mucha calma. Tranquilidad en los buenos momentos, para saborearlos, para disfrutarlos al máximo y no perdernos un solo detalle de ese momento que puede ser un atisbo de la felicidad. Calma en los momentos difíciles porque actuamos mejor si somos capaces de estar tranquilos y con la cabeza más o menos"fría". Además, el ponernos nerviosos, estar tensos y/o angustiados solo va en contra de nuestro cuerpo y nuestra alma.
Las peores decisiones se toman en momentos de precipitación, los grandes errores son fruto de la prisa y la falta de sosiego. Dicen que incluso que "la venganza es un plato que se toma frío". Creo que, si dejamos pasar el tiempo suficiente, veremos que tampoco se trata del "ojo por ojo" y que todo el daño que inflingimos acaba rebotando en nosotros como una bala caprichosa.
Ahora que muchos estamos de vacaciones es el momento de sentarse en un anochecer fresco y mirar todo el paisaje que hemos superado y el maravilloso horizonte que se abre a nuestro pies.
Cuando haya que actuar deprisa hagámoslo (en raras ocasiones es necesario),pero no nos dejemos arrastrar por la vorágine de un mundo que, en demasiados casos, no sabe a donde va.
Un buen ejercicio para cuando estemos agobiados por el trabajo, los atascos de tráfico, la fila en el supermercado es intentar encontrar ese punto de calma, esa paz suficiente para observar a aquel cliente que se rasca la barbilla inquieto, el niño que hace muecas en la ventanilla del auto, la dependienta que factura la compra con el automatismo de la costumbre...son instantes de belleza y aprendizaje, de conocimiento del otro y de práctica de la relajación en lugares supuestamente contrarios a ella. Tan solo cambiar el punto de vista y aprovechar lo que nos brinda una situación irremediable.
Ya lo decía Napoleón: "vísteme despacio que tengo prisa".
29 Julio 2007

Puente.
Según pasan los días, como pasa el agua fresca y cristalina bajo los puentes que tendemos, cada minuto me convenzo más de la gran verdad de aquello de "solo sé que no sé nada". Aún con la edad que tengo, cada mañana, cada noche, cada instante trae un nuevo descubrimiento, una nueva visión de la realidad, un fragmento más del alma de los seres. Y conozco que nunca dejaré de aprender y que solo llego a palpar, con la punta de mis dedos temblorosos, la superficie de todo lo creado. Lo importante no es el destino, si no el camino que recorremos. Y mi alegría es intensa porque ese descubrimiento, ese viaje a uno mismo me dice lo inmensos que somos y lo maravilloso del todo. Así, con los ojos tan abiertos como los de un niño cuando descubre el fuego por primera vez, veo una nueva forma de pensar, un rincón del paisaje nevado entre los árboles perdidos, una palabra dicha con cariño, el roce de una piel en mi piel, una vida llena de sufrimientos y felicidades en un desconocido, un sabor nuevo en el paladar con matices de roble y fruta en una bebida, una visión no conocida en un cuadro ignoto en un museo lleno de gente curiosa... Y más y más...
Y no dejo de seguir asombrándome de la vida y agradezco al creador, sea otro o yo mismo, esta habilidad para crear belleza, simplicidad y complejidad, inocencia y sabiduría, dolor y experiencia, lenguaje y sentimientos, esta habilidad "para abrir nuestros puños" cerrados y egoístas...
Y más y más...
Paz para todos.
14 Mayo 2006
Gran fuente de datos sobre el Zen: recursos generales, escuelas, centros de práctica y organizaciones, documentos, revistas, calendario, biografías, etc.
Con un diseño agradable, en un sitio imprescindible para los seguidores de esta forma de vivir, con conocimientos de inglés que es la lengua en la que está escrita. Las fuentes están muy cuidadas y los vínculos se revisan periódicamente.
Enlace: http://www.ciolek.com/WWWVL-Zen.html
14 Mayo 2006
La meditación zen se consolida como una terapia complementaria.
La vida no es para ser pensada, sino para ser vivida, aquí y ahora, sobre un fondo de paz y bajo una forma de compasión. Esta sería la premisa de la que parte el zen, un concepto que está conquistando nuestra sociedad y hacia el que cada vez miran más médicos.
María Bullón
Ramiro Calle, pionero en la enseñanza del yoga en España y uno de los escritores orientalistas más prolíficos de este país, indica que para entender esta filosofía de vida, lo primero y fundamental es dejar de lado la lógica occidental: no hay razonamientos científicos, hay una “distinta manera de ser, entender, percibir y hacer” que se consigue disciplinando el cuerpo y la mente día a día.
El zen es una actitud de vida, lejos de la moda frívola que intenta venderse a través de muebles, ropa y hasta cremas rejuvenecedoras o tratamientos faciales para pacificar la mente. Ramiro Calle nos presenta en su libro ‘El zen contado con sencillez’, editado por Maeva, cómo esta gran filosofía de vida nacida en China hace unos 2.ooo años, se originó mediante la fusión del budismo y del taoísmo bajo los métodos del yoga. A partir de aquí es necesario, por no decir imprescindible, conocer las bases del budismo como núcleo de la doctrina del zen. Por eso, a Calle le resulta cuanto menos asombroso descubrir las artimañas de un marketing creciente que no duda en apellidar “zen” a sillas, camisas y comidas que nada tienen con la transformación mental que exige esta disciplina. Es cierto que existe arte zen, danza zen, ejercicio físico zen, pero sólo concebido globalmente, con la exigencia diaria de quien quiere aprender.
El zen entró en nuestro país en los años sesenta y se ha ido desenvolviendo hasta llegar en estos días a originar “un fenómeno comercial superfluo que es meramente un artificio de mercado, de usar y tirar”, dice el experto. El verdadero zen es una filosofía de vida, de paz interior, autoconocimiento y autorrealización.
Pero no es sólo teoría. Se requiere una meditación diaria, un esfuerzo para conseguir la conciencia del presente con la mente clara y el corazón compasivo. Se valora el espacio, el vacío, lo natural, lo fluido, lo abierto. Para el autor es una especie de desaprendizaje desde dentro hacia fuera (es la mente la que pacifica lo exterior y no al revés): olvidar lo aprendido, “quitar las nubes para que salga el sol interior”. Las claves se resumen en los siguientes puntos: estar atento, utilizar sabiamente el esfuerzo, evitar la reacción mediante la ecuanimidad, ganar el sosiego y ser cooperante en cada acto, lo que no quita la falta de firmeza (para Ramiro Calle, Gandhi es el mejor ejemplo)
Al igual que el yoga, la meditación zen se está convirtiendo en una necesidad para paliar los efectos de la ansiedad, las depresiones y las tensiones vitales. Dice el escritor que cuando llegó a España, la gente acudía a estos métodos como vía meditativa, mientras que ahora se hace por necesidad, como terapia. Afirma que son muchas las personas que acuden a sus clases animados por un médico que les recomienda una alimentación sana y practicar yoga para alejarse de los problemas vitales. Es una terapia complementaria que debe convertirse en un actitud vida y no en un consuelo inmediato. Hay que sumergirse en el mundo zen, vivir desde él y no cotidianizar, “evitar los rótulos y las etiquetas porque matan la vida. La vida no es para opinarla, es para vivirla”.
Los límites
Para Ramiro Calle, hay un límite para todo. “Lo que está pasando en Tïbet con el Dalai Lama es bochornoso. Ver cómo se ha corrompido la esencia de una cultura a través del coqueteo de Hollywood y sus estrellas, convirtiendo una actitud de vida y una cultura en un paseo de famosos. No se trata de impedir a la gente conocida interesarse por una cultura o una religión, pero sí de mantenerlo al margen”. Ramiro confiesa que son muchos los famosos de nuestro país que practican meditación zen y yoga durante años y que se han negado ha publicitarlo en los programas, lo que agradece enormemente.
“No es una moda, el zen pretende ayudarnos a superar el deseo y el sufrimiento, que son la base de la ofuscación, la avidez y el odio, y alcanzar así un estado de paz y bienestar.” La necesidad de paz y liberación se convierte en una corriente vital que nos puede resultar de gran ayuda en los tiempos que vivimos hoy día, y de ahí su reciente valor como psicoterapia. Para Ramiro Calle, Buda lo explicó con las mejores palabras: “entre los desasosegados, vivamos sosegados”.
Fuente: Ondasalud.com
14 Mayo 2006
Hace mucho que conozco una frase que viene a decir: "Si lo que temes que suceda va a pasar, ¿por qué preocuparse?. Si lo que temes que suceda no va a pasar, ¿por qué preocuparse?".
El día a día nos trae retos continuos. De nosotros depende dejar que nos inquieten o alteren. Conociendo lo que de verdad importa, las pequeñas contrariedades cotidianas pierden importancia.
Buda dijo que cuando le tiraban una flecha no se preguntaba con que tipo de arco la habían disparado, como se llamaba el arquero, sus padres o dónde vivía. Primero se quitaba la flecha.
A veces, perdemos los nervios por esos pequeños acontecimientos que, de estar bien, serenos y conscientes, no nos afectarían. ¿Por qué dejar que nos incomoden o disgusten?. Somos nosotros los que sufrimos al preocuparnos por acontecimientos nimios.
Ya habrá momentos en que tengamos que dar respuestas contundentes, buscar soluciones, luchar contra la adversidad... pero, afortunadamente, son los menos. No siempre nuestra vida, el bienestar de los que nos rodean está en juego.
En una sociedad que valora demasiado el tiempo, somos nosotros los que tenemos que valorar nuestras auténticas prioridades. En ocasiones nuestra mujer, un amigo nos necesitan y debemos responder por encima de obligaciones que nos auto-imponemos.
Incluso nosotros mismos necesitamos tomarnos un respiro de vez en cuando.
Es importante.
Paz para todos.
3 Mayo 2006
Hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo, conocí a una joven doctora que me agradó por su alegría y espontaneidad. Aún no conocía yo la vía del Zen y me intrigaba como podía ser que pareciera feliz.
Un día nos invitó, a mi y algunos de mis amigos, a pasar un rato en su casa. Al entrar, todos nos quedamos sorprendidos. En el salón principal había una pequeña estufa, una mesa, cuatro sillas, una guitarra, un radio-cassette, unas cuantas cintas para este y cuatro o cinco libros. Nada más. Eso era todo lo que tenía. Ni televisor, ni sofá, ni lámparas -una bombilla colgaba del cable-...
Ante mis preguntas, me respondió con, toda sencillez, que no necesitaba nada más. No tenía que preocuparse por lo que se manchaba o estropeaba. No tenía que buscar nada porque todo estaba allí. Incluso me prestó uno de aquellos libros para el verano.
Pasamos la tarde, oyendo una y otra vez aquellas cintas, hablando y jugando, distraidos con unas velas que trajo de la cocina. Se me contagió su felicidad y me di cuenta de que poco se necesita para ser feliz.
Recuerdo que, durante mucho tiempo, envidié a aquella doctora.

2 Mayo 2006
Otra idea curiosa para occidente es la del karma. El karma viene a ser como el destino, que según creencias budistas está influido por nuestras propias acciones.
En realidad esta consecución de causa y efecto es, a mi parecer, bastante razonable.
Solo tenemos que darnos cuenta de como nuestras acciones, antes o después, vuelven a influir en nuestras vidas. Y no, en muchas ocasiones, por efectos físicos o materiales, si no por el efecto que causan en nuestra vida y mente, en nuestros sentimientos y actitudes, en nuestro concepto de nosotros mismos.
Una conducta agresiva, despiadada o arrogante suele pasarnos facturas de soledad, remordimientos y, finalmente, auto-castigo.
Es como el equilibrio natural: una pequeña especie que desaparece, afecta a todo un sistema ecológico. O como esas películas de viajes temporales en las que un cambio minúsculo en el pasado, hunde civilizaciones enteras en el presente.
Un daño a otro, acaba dañándonos a nosotros mismos.
Algo así es el karma, aunque las diversas corrientes y escuelas del budismo lo expliquen con palabras diversas.

Lago Masshu, en Japón. Autor: Roger McLassus.
Soy una persona que intenta vivir el Zen en todo momento y que quiere ayudar a los demás a que encuentren su propio camino. Jamás dejo de aprender. Un aprendiz de bodhisattva.
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